La
conciencia según John A. Bargh nos permite “viajar en el tiempo”, es decir,
podemos retomar al pasado y repensarlo al igual que podemos prever el futuro y
organizarnos según nuestras expectativas. De igual manera la conciencia
selecciona una parcela relativamente pequeña de elementos y puede procesarla
exitosamente mediante el pensamiento, la memoria, la percepción, el aprendizaje,
entre otros.
Una
ventaja del consciente es su gran flexibilidad para adaptarse a situaciones
nuevas. Esto se debe a que podemos entenderla como el centro de mando de
nuestros actos, como un “sistema de control que permite la actuación e
inhibición selectivas, anticipar, simular y planificar mentalmente”.
Neurológicamente,
la conciencia implica la participación global de las neuronas. Sobre todo es
fundamental que en los diferentes procesos psicológicos esté involucrada la
corteza superior cerebral. Cuando este no es así es cuando hablamos de inconsciencia,
es decir, de información procesada sin
toma de conciencia pero con repercusión conductual.
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